El clon de Photoshop que perjudica a GIMP
Estamos viendo una ola de proyectos "X rebuilt in pure Y": versiones clónicas del software privativo más caro. En pocas semanas se ha publicado una réplica de casi todo el catálogo de Adobe y de Microsoft Office, escrita en Rust por Claude. PhotoCraft, clon de Photoshop; WordCraft, clon de Word; FigCraft, clon de Figma; y más proyectos en camino.
Visto desde lejos, puede parecer un jaque a compañías como Adobe o Microsoft, pero en realidad es un movimiento en contra del open source. Estamos creando alternativas libres al software libre, no al privativo. El profesional paga la licencia porque quiere que las cosas funcionen y sean compatibles; las alternativas le dan igual. Quien instala un clon es alguien que, de partida, no quería pagar a Adobe. La misma persona que habría descargado GIMP o Krita. Un usuario que podría haber conocido un proyecto libre, e incluso contribuir a él algún día, acaba con una versión rota y sin soporte.
Detrás de cada proyecto open source hay años o décadas de conocimiento acumulado, de aportaciones muy concretas y muy especializadas. GIMP nació en 1995 como un proyecto de clase de dos estudiantes de Berkeley, y LibreOffice desciende de StarWriter, un procesador de textos de 1985. Cada línea arreglada tiene una historia detrás: un documento que se descuadraba, una impresora que no funcionaba bien, un .docx con veinte años de estilos heredados. Un clon puede imitar el comportamiento que observa, pero no la sabiduría acumulada.
Luego está el asunto de la falta de fricción. Sin el esfuerzo de aprender o de contribuir no se crea un vínculo a largo plazo, y mucho menos una comunidad. Lo desarrollé en Cerré los pull requests y los issues, y ahora soy más feliz, por si alguien quiere profundizar. Un proyecto necesita frustración, recompensa y comunicación para ser sostenible. Quien hoy lanza un prompt en tu proyecto, mañana lo lanzará en otro más divertido.
No estoy en contra de usar IA para programar: yo la uso a diario. Estoy en contra de la dirección del esfuerzo. Toda esa energía, todo ese dinero en tokens, podría estar arreglando la interfaz o la documentación de algún proyecto, o mejorando su compatibilidad. Pero contribuir a algo viejo es aburrido, y clonar un software popular es divertido: te da la sensación de haber derrotado a Adobe en un fin de semana. Mientras tanto, quien de verdad se está debilitando es el ecosistema del software libre.
El software libre no se defiende clonándolo, se defiende usándolo y contribuyendo a él. En lugar de invitar a la gente a usar un clon, invita a un café virtual a tu desarrollador favorito de tu alternativa libre preferida.
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